El cuerpo humano y su diseño natural para el movimiento

11 Oct

7453725950_4d0abae3b0_oNo es exagerado plantear que de homo sapiens, hemos evolucionado como especie hasta una suerte de homo deportista. Hace unos siete millones de años, surgió el primer homínido, denominado como Australopithecus, el cual, a diferencia de los antropoides, andaba erguido y tenía la capacidad de correr.

Algunos millones de años después surgió el género homo, el cual ha seguido desarrollándose hasta nuestro tiempo. Tal evolución de tipo filogenética todavía queda reflejada en la evolución ontogenética del ser humano, es decir, desde el nacimiento y hasta el primer año de vida de una persona. Todo ello se ha hecho manifiesto en las adaptaciones morfogenéticas del ser humano en los más recientes millones de años.

Todo ello tiene una gran relevancia para la comprensión de los alcances deportivos de un atleta. Si entrenamos de cierta manera, pero deseamos modificar este plan, conforme a lo más natural. Hay que tomar en cuenta que, el cuerpo humano, deja ver un diseño natural orientado al movimiento. Tomando en cuenta esta circunstancia, se pueden planificar mejor los entrenamientos y ejercicios a realizar.

Los seres humanos no han evolucionado prácticamente nada en cuestión filogenética en los últimos miles de años. Y es que, si bien en sus inicios, los homínidos tenían que estar en constante movimiento para garantizar su supervivencia, las sociedades actuales han modificado nuestra natural motricidad y vinculación con el entorno. Si los seres humanos han logrado adaptarse al medio durante miles de años, hoy en día es preciso que de nueva cuenta se adapte a las condiciones impuestas por la propia modernidad.

Lo más importante en esta evolución es ser activo, ser deportista y desarrollar ejercicios y actividades atléticas siempre que sea posible. El deportista se proyecta como la próxima etapa en la evolución del ser humano. La práctica de los deportes es la mejor vía para superar el desafío del síndrome metabólico.

El cuerpo humano está integrado por 206 huesos, 650 músculos, 150 mil kilómetros de nervios y 5 litros de sangre, que le dan forma a un complejo sistema, diseñado expresamente para conseguir energía y convertirla en movilidad.

Datos interesantes son los siguientes: un maratoniano experto recorre 200 kilómetros a la semana, en tanto que la mayor parte de los sedentarios tan solo recorren un kilómetro a la semana. Un practicante del levantamiento de pesas puede ser capaz de cargar en una sesión de entrenamiento, una carga acumulada de 3 toneladas. Otra referencia que nos hace patente el diseño característico del cuerpo humano orientado a la movilidad, es el siguiente: un ciclista en una competencia profesional, puede llegar a consumir 7 mil calorías, en tanto que una persona sedentaria solo consume 1,500 calorías, las cuales son utilizadas casi por entero en reponerse de su desgaste metabólico.

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